Nuestra historia
Alma Ravello comienza con una mujer que nunca ha salido de casa sin arreglarse.
No por los demás. Por sí misma.
Alma decía que una mujer no se viste para gustar, sino para recordarse quién es. Las vecinas acudían a ella para todo: qué ponerse en la boda de un hijo, qué abrigo comprar para el invierno, cómo volver a sentirse guapa después de los cincuenta.
Su hija creció viendo todo esto. Y vio también cómo, con los años, las tiendas empezaron a confeccionar ropa solo para chicas de veinte años. Su madre y sus amigas pasaban por delante de los escaparates y decían: «Esto ya no es para mí.»
Alma Ravello existe para que ninguna mujer tenga que repetir esa frase.
Vestidos que realzan sin apretar. Tejidos agradables al tacto. Cortes pensados para el cuerpo real de una mujer que ha vivido. Y precios que no te hagan sentir culpable por haberte regalado algo.
Cada prenda supera una sola prueba antes de entrar en la tienda: ¿se la pondría Alma?
Porque el problema no eres tú. Es lo que te han vendido hasta hoy.
Hoy la tienda pasa a mis manos. Alma no se va: ha elegido personalmente las últimas prendas de su colección, una a una, como siempre ha hecho.